domingo, 19 de diciembre de 2010

¡¡¡ ALGARROBO, LOS CABALLOS !!!

Dale un poco de rapidez
como si esta fuera la última vez

The Meas: Ja.Ja,Ja







Un posible punto de partida para este texto era: "El trino de los pájaros del amanecer junto con los taciturnos latidos de mi corazón, han sido el viento y la percusión de la lúgubre banda sonora que ha acompañado la escena de mi salida a la calle esta mañana, bla,bla,bla." De esta forma me hubiera acercado a definir el estado anímico que me ha acompañado durante buena parte del día. Más alejado de la lírica, pero más cerca de la realidad estaría si digo que hoy es un día de esos en los que uno siente que está de bajón y hasta la punta de la polla de todo.

No es que ningún acontecimiento aciago haya desatado la tempestad interior, es que de vez en cuando, pues toca que socaven nuestra moral más que de costumbre los percances cotidianos: la monotonía del día a día, las tareas aplazadas; las expectativas no cubiertas; el hecho de que el Jes Extender no haya agrandado mi miembro viril lo que yo esperaba (35cm); el empeño de la Real Academia en ni siquiera molestarse en contestar mis propuestas para simplificar nuestro idioma, como la de de suprimir la totalidad de los verbos y sustituirlos por "pitufar", como única fórmula válida para definir cualquier acción.

Todas las intentonas para mitigar este estado de desolación han resultado estériles. El visionado en DVD de "Love Story" y "Los puentes de Madison" no me han arrancado ni la mitad de las carcajadas que suelen provocarme este tipo de comedias disparatadas. Incluso la emblemática frase "Amar significa no decir nunca: si no me avisas, muerdo" me ha dejado frío hoy. Pensando que quizá el enclaustramiento casero después del trabajo alimentaría los fantasmas internos, me he obligado a dar un rulillo por ahí con la esperanza de disipar los nubarrones mentales. He contemplado enternecido a las futuras generaciones jugando alegre y bulliciosamente en el parquecito de columpios que hay cerca de casa. Incluso me he animado a interactuar con la chiquillería reuniendo en corrillo a un buen número de ellos y anunciándoles que les iba a revelar un secreto de valor incalculable. Cuando la docena de caritas rebosantes de inocente expectación me circunvalaba, he declamado en el tono grandilocuente y confidencial con el que se narran los cuentos infantiles.

- ¡ Escuchadme, anticipo de seres humanos! ¡Los Reyes Magos no existen, pardillos! ¡Y Papá Noel menos! El que sí existe es el Ratoncito Perez, que esta tarde se va a tener que traer la furgoneta para la recogida de todos vuestros piños si no me dais ahora mismo esa bolsaca de chuches. Sí, sí, esa que te estás guardando disimuladamente, sí, tú, el de los soplillos. No te hagas el loco y trae p´acá esa bolsa, ya te comprarás más con lo que te paga por derechos de imagen la Disney ¡Dumbo! ¡Que esas parabólicas que tienes por orejas deben pillar hasta Tele-Kurdistán!

Tras esta formativa charla, me he hecho con la bolsa mediante un brusco movimiento, teniendo el detalle de introducir previamente dos de mis dedos en los ojos del niño, más que nada para que no tuviera que ver la criaturita como era despojada de su preciado bien.

Durante el camino de vuelta a casa he ido tan abstraído en mis apesadumbradas cavilaciones que no era consciente de lo generosos y frecuentes que eran los puñados de gominolas que iba deglutiendo. Al llegar al portal me he dado cuenta de que me las había pitufado casi todas. Ni el dulce festín, ni el paseo, ni los lúdicos momentos con los pequeñuelos del parque han supuesto el bálsamo de Fierabrás que yo esperaba.

Un abultado porcentaje de los blogueros que destinan su rincón en el ciberespacio a plasmar sus neuras con fines de mejorar el equilibrio emocional o simplemente a dejar constancia escrita de sus opiniones y vivencias como pasatiempo, incurren alguna vez en la redacción de la entrada "depre". En la mayor parte de los casos, esos textos tienen una trayectoria introspectiva y derivan en análisis de los entresijos de un alma en conflicto consigo misma y con el mundo. Cojonudo si les sirve como medicina p´al espíritu y en vista de lo extendido que está este recurso, queda claro que debe ser eficaz. Como pasa con casi todo, hay casos aislados en los que esta artimaña no sólo no nos funciona sino que revierte en resultados contraproducentes. Pasa igual que con la escucha de baladas en los momentos de mayor desánimo, a mí me parece que es como echarle sal a una herida y sin embargo son legión la gente que acude a las canciones de lentitud desgarradora para ilustrar acústicamente los pasajes más amargos de su existencia. Si eso no es masoquismo se le parece un huevo. Me parece lo mismo que si uno se está meando vivo y ante la ausencia de lugar apropiado en el que ejecutar el miccionado en ese momento, se pone a contemplar el portentoso chorro que dispara un surtidor de agua con la finalidad de eclipsar de su mente la necesidad que le atenaza. Supongo que con esa forma de proceder lo que consigue es acentuar su sufrimiento. Digo supongo, porque jamás me he hallado en esa apremiante tesitura. Allá donde me han apretado las ganas de aliviar la vejiga, he empuñado la chorra con determinación y me he puesto a dibujar simpáticas formas líquidas en el aire, aunque el cura que oficiaba la misa me echara de la iglesia con improperios poco propios de su condición sacerdotal y la pareja de amigos que se estaba casando no me haya vuelto a dirigir la palabra jamás.

Digresiones urinarias aparte. No desdeño en absoluto la música y el posteo bloguero como armas contra el abatimiento, sólo que, así como el fuego se combate con agua y la oscuridad con luz, me inclino a presentar batalla a los estados de decaimiento emocional con una enérgica dosis de mala leche y de cachondeo corrosivo. Cuando de venirse arriba valiéndose de la música se trata, uno de mis himnos es el que dejo en el encabezamiento de esta entrada. Por si alguien le da al play, queda advertido de que la canción contiene exabruptos y blasfemias. La escucha de este tema, combinado con un par de New Castle (el nombre de una birra prodigiosa) rara vez no ha puesto en fuga a la apatía más cabrona.

Cualquier iniciativa que requiera de un cierto ímpetu, se refuerza si dispone de un lema sonoro y contundente que le sirva como acicate. Pocos gritos de guerra hay tan lapidarios como el : "¡¡ALGARROBO, LOS CABALLOS!!" que berreaba Curro Jimenez a uno de sus lugartenientes en la popular serie de finales de los setenta. En su primera emisión yo tenía entre tres y cuatro años, pero aún me acuerdo de como me empantallaba con las aventuras de aquellos intrépidos bandoleros. La vigorosa frase vendría a ser una versión más cañí del "¡Al Ataque!". Cuando en algún capítulo se oía al líder de la banda gritar la soflama : "ALGARROBO, LOS CABALLOS" significaba que la banda debía poner tierra de por medio ante una inminente emboscada de las fuerzas del orden o que iban a partir a galope tendido, trabuco y navaja en ristre, hacia otra de sus violentas pero nobles peripecias. También el grupo Marea han rescatado esa arenga en algunos conciertos. Seguiré aferrándome a ese clásico y cuando aflicciones y melancolías me acorralen... ¡¡¡ ALGARROBO, LOS CABALLOS!!!

sábado, 4 de diciembre de 2010

APOCALIPSIS DE ALMÍBAR Y PELUCHE



El intrincado (supongo) sistema que posibilita la fulgurante navegación de correos electrónicos ciberespacio a través, debe tener un límite de tolerancia al azúcar virtual. Ese límite está a punto de ser rebasado.

Es apabullante la cantidad de mensajes que llegan a las cuentas de correo, preñados de ñoñería y de ositos rebosantes de buenas intenciones. La empalagosa invasión plantígrada acostumbra a valerse de colores chillones hasta la abrasión de córnea, nubes, florecitas, corazoncitos de tebeo y otras zarandajas de similar cariz. El armamento textual en el que se sustentan las aberrantes imágenes no es menos demoledor. Vienen a decir poco más o menos que si el amor llama a tu puerta, le recibas con un ramo de rosas y una sonrisa de oreja a oreja o que la amistad es un caramelo cuyo dulce sabor dura eternamente. Otras veces apelan a nuestro positivismo vital, afirmando que cuando estés jodido por mil putadas que se te han venido encima, lo que en buena lógica procede para paliar el abatimiento, no es agarrar una buena curda de vodka y blasfemar a voz en grito, sino deleitarte en la escucha del rumoroso discurrir de un riachuelo o contemplar un cálido atardecer desde una frondosa arboleda. Verás, verás como después de esos mágicos instantes te entran unas ganas locas de obsequiar con una poesía, un abrazo y una caja de bombones a tu jefe, el mismo que te ha despedido esta mañana porque le daba cosica ver a diario la jeta del marido de la piba a la que se está ventilando.

Los últimos correos de este tenor que he recibido, abogan por una ratificación de la amistad que profeso a quien me remite el mail. Le endiño un click al archivo adjunto y ahí tengo el despliegue de oseznos con su arsenal de floripondios, deseándome toda clase de dichas y prosperidad, además de reconocerme virtudes y sensibilidades que mi alma podrida jamás ha tenido el gusto de conocer. Al término de la ciberpostal (o lo que coño sea) me deja la advertencia de que si en realidad valoro la amistad de la persona que me lo envía, debo sin dilación reenviarle el correo. De esta sencilla manera obtendrá la prueba inequívoca de que mi amistad es real, firme e inasequible a la traición. Pero alma cándida ¿de qué capítulo de Los Mundos de Yupi te has escapado para creer la soberana sandez de que reenviarte un puto correo plagado de rechinantes ositos multicolor es garantía de mi lealtad hacía ti? Sabrás con certeza si soy o no un colega de verdad cuando estés de capa caída y en lugar de preferir irme donde haya cachondeo y diversión, prefiera quedarme a tu lado para compartir a pachas el mal rato y una botella de lo que encarte. Ahí sí despejarás todas tus dudas, pero ¿mandándote de vuelta un emilio? ¡Venga hombre, no me jodas!

Uno creía ilusamente que la lectura de ripios edulcorados había quedado zanjada con el fin de la pubertad. Aquellas perlas escritas sobre libretas de románticas adolescentes: Los chicos no saben decir "te quiero", sólo saben decir "en la cama te espero". No te jode, en la cama y sobre un charco de vómito de cerdo las hubiéramos esperado con tal de aplacar la ebullición de testosterona que nos enajenaba. Otra de las más líricas frases con resonancias jipiosas incluidas, también los más suicidamente sensibles de los varones osaban lucirla, era : Si lloras porque no puedes ver el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas. Y no siempre supe eludir la tentación de rectificar el texto, versionándolo de esta guisa: Si lloras porque no puedes ver el sol... ¡¡¡Te mereces dos ostias por cursi y gilipollas!!! ¡¡¡Entonces sí que vas a ver las estrellas por mucho que lloriquées!! Y añadía: ¡¡¡Pamplinas!!!

Vuelvo al meollo del asunto, que dejándome engatusar por la tierna memoria de pupitre y pizarra no acabo nunca. El tránsito masivo de tanto almíbar y peluche surcando la red, acabará haciendo estallar por saturación de glucosa vaya usted a saber que chirimbolos de la infraestructura internáutica, permutando por realidad la pesadilla de algunas novelas de ciencia-ficción y de sus muchos subgéneros, en la que convergen nuestro espacio-tiempo con el de otro maléfico universo.

¡¡Apretad los dientes y preparaos a sufrir, incautos ciudadanos!!! Porque pronto, muy pronto, nuestras casas, nuestras calles, serán tomadas por hordas de coloridos ositos. Armados con almibarados corazoncitos rojo sangre, con gigantescas flores de fragancia empalagosa hasta la náusea, disparando a discreción indigestas ráfagas de besitos de fresa ¡¡Es el fin de nuestra era!! ¡¡Vamos a morir todos!! Vamos a morir, envueltos en las suaves garras de un abrazo de peluche.

domingo, 28 de noviembre de 2010

¡¡¡¡ RESUCITA, BASTARDO !!!!

Sean bienvenidos a este circo de lo absurdo
que la banda va a empezar a tocar.
Pasen y tomen asiento pronto que los focos ya se apagan
y el ambiente se va a helar.

(estribillo del tema "Sean Bienvenidos" de BARRICADA)







Fue la mañana del sábado pasado cuando decidí volver a prender la llama del Caldero. Mi socia ocupaba el tálamo conyugal y aprovechaba su día de descanso para emitir ronquidos que competían en decibelios con la obra que están haciendo en la casa de enfrente. Tal y como me gusta hacer durante el finde, me levanté a una hora temprana, quien me lo iba a decir hace unos años. La estruendosa melodía que afloraba de los auriculares inalámbricos, me ponía la neurona que me queda en estado de euforia matutina y me estimulaba a afrontar el adecentamiento de nuestra guarida. La escoba que empuñaba, además de cumplir su natural función de útil de limpieza, también se convertía en furibunda guitarra eléctrica cuando los acordes de Reincidentes alcanzaban los momentos de mayor sentimiento rocanrolero.

Por alguna razón, en ese momento tuve clara la decisión de la vuelta a la blogosfera. Una vuelta condicional, eso sí. Los motivos o cuentas pendientes con otras facetas que me instigaron a pirarme siguen ahí, pero ha pesado mucho la nostalgia de estar inmerso en esta movida bloguera. También han sido una poderoso acicate para la vuelta, los correos y mensajes de algunas personas que, engordándome el ego lo que no está en los escritos, han pedido reiteradamente el regreso bastardo.

Hablaba de una vuelta condicional. Una de las condiciones autoimpuestas consiste en dar un giro al blog, dejando de lado lo que en principio fue la razón primigenia de la creación de la página: la cocina. No digo que no me vaya a dar el punto de soltar alguna receta de vez en cuando, pero la idea es basar los contenidos en lo que antes utilizaba como prólogos. Quizá dándole con el tiempo estructura en forma de categorías o apartados según el palo del que vaya cada entrada, pero vaya, de momento la movida va a ser soltando cañonazos demenciales en forma de parrafadas. A discreción y sin contemplaciones ni criterio selectivo. Igual estampo por aquí la última chorrada que se me haya pasado por la cabeza, como me da por marcarme una historieta o encasquetar algún capítulo de una historia más larga que estoy intentando currarme y de la que ya colgué un borrador de las primeras páginas. Es posible que rescate algunos fragmentos de mis primeras entradas, de hecho este texto va a llevar ya alguno de ellos.

La otra pauta que me he marcado es funcionar sin atornillarme demasiado al invento este. Colgaré posts según pueda o me apetezca, sin forzarme a hacerlo porque “ya toca”. También pretendo que mi periplo bloguero se componga de cortos periodos de presencia y ausencia. Por decir algo: cinco días estaré, cuatro no, luego otros cuantos volveré a campar por aquí y así sucesivamente. Pido por adelantado disculpas a los blogueros con quienes tengo un vínculo más fuerte por las veces en que se me pase alguna de sus entradas, pero me he propuesto firmemente que en las rachas de días sin blog el aislamiento sea total, no quiero entrar ni a mi propia página, si no lo hago de esta manera es imposible concentrarme en otras batallas. Cuento de antemano con que esa forma de proceder va a ir en detrimento de seguidores, visitas y demás, es el precio que hay que pagar y la verdad es que tampoco me mortifica.

La actitud con la que encaro esta nueva etapa, que no sé cuanto durará, tiene bien poco que ver con la predisposición que tenía al afrontar mi arranque bloguero. Durante el pasado verano en los días previos al lanzamiento del blog, estuve dando una brasa salvaje con el tema a cualquiera que tuviera la mala suerte de estar en mi radio de acción. Fui adquiriendo práctica en el acoso y derribo de la víctima, finalmente el procedimiento estándar consistía en acercarme al objetivo cuando más confiado y vulnerable estuviera, dirigirle una frase que le hiciera bajar la guardia "Se me ha olvidado darte una cosa" o "Mira a ver si me ha entrado algo en el ojo". Acto seguido y abalanzándome sobre la presa, aplicaba sobre su cuerpo técnicas inmovilizadoras de lucha grecorromana y empezaba a soltarle mi perorata "¿Sabes que he creado un blog? ¿No? Pues verás, resulta que...".

En estos cordiales intercambios de pareceres hubo peña que, mientras intentaban zafarse de una llave asfixiante, me preguntaron con un hilo de voz, por el motivo de llamar a la página "El Caldero Bastardo". Me gustaría disponer de una anécdota deslumbrante o cuando menos curiosa de la historia de la nominación del blog, pero la insípida verdad es que simplemente se me ocurrieron cuatro o cinco nombres y el que terminó imponiéndose fue este. Buscaba algo de contundente sonoridad, que se ajustara a esa pose de transgresión siniestra que a mi me gusta adoptar para hacerme el malote y el rebelde, intentando engañar a los demás y a ratos incluso a mí mismo al olvidar que estoy tan atornillado al engranaje del sistema como el que más, que tengo una hipoteca que me tiene atenazados los testículos y que si alguna vez mi castigada osamenta albergó un espíritu libre, lo cambié por un plato de lentejas, un reproductor de DVD y un buzón.

De modo que seguiré con la pirotecnia dialéctica, largando sandeces como “Las llamaradas infernales del Caldero Bastardo harán que te cuezas a fuego lento” y polladas así, para jugar a la subversión como válvula de escape y negarme mientras dura el juego a recordar que mi actitud real es una oda a la mansedumbre borreguil, al “virgencita que me quede como estoy” y a la lobotomía voluntaria.

viernes, 8 de octubre de 2010

RISOTTO BARÍTONO (y hasta la vista)

HASTA LA VISTA, COLEGAS:

No figura entre mis intenciones, al menos de entrada, dar cerrojazo definitivo a El Caldero Bastardo, pero sí tengo la sensación creciente de que estoy dejando de lado otras actividades que me apetece desarrollar, algunas que me han acompañado los últimos años y otras que retomo después de mogollón de tiempo. El reencuentro con estas últimas ha sido como volver a un bar que hemos frecuentado mucho tiempo atrás, recordar lo bien que nos sentíamos en él y pensar que porque no abrir una nueva etapa allí. Frecuentarlo con la asiduidad de antaño, con la osamenta más avejentada pero la mente más serena.

Desde que abrí este blog, la intención era darle un sesgo de "malditismo", tanto en lo estético como en lo textual, cubierto de una pátina de cachondeo corrosivo que supiera reirse de sus propias ínfulas de rebeldía transgresora. Una de las herramientas de las que he echado mano para este proposito ha sido acompañar a menudo las recetas de unos prólogos delirantes y macarrónicos que aunque están en consonancia con mis vivencias y criterios, han sido, obviamente, hiperbolizados y recargados a más no poder. Hacía la tira, pero la tira, que no me ponía a aporrear un teclado con la pretensión de extraer de ese acto algo que fuera más allá de lo meramente funcional. Lo último parecido a eso que hice fue escribir letras de canciones de rock urbano y tendencias similares, pero también desde entonces han llovido océanos.

Con los preámbulos a las recetas que fui encasquetando primero en recetas.net y después en este blog, ha resucitado esa vena, no digo literaria porque el término me acojona y sé que está muy lejos de mis posibilidades, pero sí de marcarme mis historietas descabelladas. La resurrección de esa vieja afición ha sido de tal vigor que ha hecho que me apetezca liberarme de la limitación de esas entradillas y embarcarme en el intento de hacer cosas que entren más de lleno en el ámbito de la narrativa, historias, personajes, tramas. En fin, conservar ese estilo paranoide y caricaturesco pero procurando darle algo de estructura. Si la iniciativa diera algún fruto (cosa que no tengo ni medio clara) ya veré que hago con ella. Quizás otro blog paralelo, quizás insertarlas en el Caldero o quizás todo quede en un simple calentón y vuelva a las andadas, es decir, a lo de ahora.

Como decía antes, son varias las facetas dentro del tiempo de ocio que quisiera intensificar para recuperar el tiempo que las he tenido medio abandonadas. Cuando considere que me he puesto al día, mi pretensión es volver a la blogosfera cocinillas. No sé si eso es un mes, tres o lo que sea. Lo único que sé es que a día de hoy me es materialmente imposible conciliar una labor bloguera en condiciones con otros menesteres que quiero y casi debo llevar a cabo. La experiencia ha sido muy grata, he aprendido mogollón de cosas y sobretodo, sobretodo, he conocido a gente cojonuda. Respecto a eso, me jode perder parte del contacto con ellas y ellos, digo parte porque mi aislamiento bloguero va a ser casi total, ese casi estriba en que pienso estar al día permanentemente de mis blogs estrella. No creo que me pueda sustraer a la tentación de dejar, aunque sea de vez en cuando, una parrafada en vuestras páginas y por descontado, si por este blog cae algún comentario, será contestado debidamente. Por lo demás, para cualquier cosa estoy en elcalderobastardo@gmail.com


ABRAZOS Y BESAKOS BASTARDOS

EL BRECHA







INGREDIENTES:


- 350 gr de arroz arborio (el especial para risotto)

- 3 cucharadas grandes de mantequilla

- 300 gr de solomillo

- 300 ml de vino tinto

- 1 lt de caldo de pollo

- ¾ de lt de agua

- 600 gr de tomate triturado

- 1 cebolla grande

- 1 o 2 dientes de ajo, según su tamaño

- 70 gr de queso parmesano rallado

- Aceite

- Sal

ELABORACIÓN:

Cortar el solomillo a tacos pequeños y freirlos en una sartén con un chorro de aceite y reservamos en un plato cubierto.

En otra sartén ponemos la mantequilla y la colocamos en el fuego a calentar, cuando empiece a derretirse volcamos en ella la cebolla y el ajo que previamente habremos picado muy finos, mantenemos a fuego medio alto y cuando se haya reblandecido y adquirido el color amarillo dorado le añadimos el arroz arborio y removiendo con frecuencia esperamos unos 30 segundos, vertimos el vino tinto y subimos a fuego alto para no volverlo a bajar en toda la cocción.

En un cazo aparte ponemos el litro de caldo de pollo y los ¾ de litro de agua y ponemos al fuego sin dejar que llegue a hervir sino manteniéndolo caliente durante todo el guiso.

Cuando el arroz haya absorbido el vino le agregamos el tomate triturado y el solomillo frito que teníamos reservado, salamos y con una espátula movemos de vez en cuando hasta que el tomate se haya frito, transformando su color y textura en algo más oscuro y espeso. En este punto y valiéndonos de un cucharón grande agregamos a la sartén una pequeña parte de la mezcla de caldo y agua que tenemos calentándose en el cazo, la cantidad justa para que el arroz empiece a cocer, removiendo con mucha frecuencia con la espátula esperamos a que el arroz haya absorbido casi todo el líquido y volvemos a añadir un cucharón o dos, iremos añadiendo el caldo de esta forma durante todo el tiempo, de poco en poco y esperando a que sea absorbido por el arroz para verter más. Insisto en lo fundamental que es el hecho de remover con la espátula cada dos por tres.

En el momento en que el arroz esté casi, casi en su punto, le ponemos el parmesano rallado y mezclamos hasta que este fundido. Emplatamos y servimos aparte más parmesano para rallar por encima en la cantidad que cada cual prefiera.